Hoy asistí a la lectura de poesía de Samer Abu Hawwash, un poeta palestino que está de paso por la CDMX con rumbo de la FIL de Guadalajara. Témoris Grecko nos lo presentó el sábado en la Covadonga. Estábamos allí mi hermano Casko Bain, mi cuñado Trujillo Manuel, Ronit Guttman y el director de la revista 'Banipal' de literatura árabe moderna, Samuel Shimon que iba acompañado de su querida esposa y editora de la revista, Margaret Obank.
El ruido ambiental característico de la Covadonga no me permitía seguir con claridad el hilo de la conversación. Sin embargo, en un momento Témoris llamó nuestra atención y le dijo a mi hermano -palabras más, palabras menos-: 'según Samer, tu apariencia es de egipcio'. Luego, dirigiéndose a mi cuñado Manuel, añadió: 'y la tuya, de marroquí'. Cuando llegó mi turno, dijo: 'la tuya, de yemení'; y concluyó, volviéndose hacia Ronit: 'y la tuya, de palestina'.
En ese momento no pude más que constatar mi profunda ignorancia, pues no tenía -ni tengo ahora- referencia alguna de Yemen. ¡Qué horror! Busqué algunas imágenes de yemeníes y se las mostré a Samer, pero ninguna de ellas le pareció que reflejara su sentir. Dijo bromeando y por supuesto ganándose la risa de todos: 'Osama bin Laden era de origen familiar yemení'.
La noxhe terminó con una invitación para ir hoy lunes primero de diciembre a la lectura de su poesía en una pequeña librería en la Condesa: Casa Tomada.
La lectura inició con un poema titulado "Escombros", no sin la previa explicación de que con esa palabra, la antigua tradición poética árabe se refiere a lo que deja atrás voluntariamente una comunidad. Se hizo patente de inmediato la impropiedad de llamar escombros a los restos de aldeas -o ciudades- que los palestinos han tenido que dejar atrás involuntariamente. Mencionó también que al no existir en 1948 una palabra que describiera lo que hoy se nombra con rigurosa exactitud como 'genocidio', se utilizó la palabra árabe 'nakba' -catástrofe- para referirse al proceso de limpieza étnica, expulsión y destrucción de pueblos palestinos.
La barbarie desatada durante la creación del Estado de Israel, había superado por completo el tiempo que tarda un pueblo en nombrar lo que se vive.
Los poemas siguieron, cada vez más versos revoloteaban como pájaros heridos en ese pequeño recinto en el que la lectura se estaba dando. Manchas de trinos ensangrentados entre restos de plumas que llovían sobre temples de ánimo hexhos nudo de garganta, colmaron mi imaginación. Letras cargadas de dolor y desesperanza se hacían voz, la voz calmada, pausada y tenue de un espíritu abatido.
"Estamos en una tierra -nos dijeron- que no es nuestra tierra bajo un cielo -nos dijeron- que no es nuestro cielo. Mi gente vive su muerte. [...] y no hay otro lugar adonde ir [...] ¿Hacia dónde ir? [...] compartimos un pan seco
un mundo seco
lágrimas de ríos secos
y madres"
En algún momento Samer hizo referencia al gran poeta palestino Mahmud Darwish: 'El poeta de la esperanza' -según sus propias palabras-, sólo para negar precisamente, cualquier atisbo de esperanza.
"Ya no importa que nadie nos quiera, [...] Los aviones nos han liberado de nuestros oídos con los que oíamos palabras de amor, las bombas nos han liberado de nuestros ojos con los que veíamos miradas de amor [...] Ya no importa que nadie nos quiera
en este mundo. [...] «En esta tierra no hay nada por lo que valga la pena vivir»."
La bomba del desánimo había caído sobre el optimismo ingenuo -que con Leibniz alcanzó su más cínica expresión: 'vivimos en el mejor de los mundos posibles'-, y entonces, se abrió una ronda de preguntas.
- "Si ya no hay nada por lo que valga la pena vivir, ¿cuál es el sentido de seguir viviendo?"
Samer contestó brevemente:
- "A veces negamos cosas para afirmarlas".
No pude seguir lo que dijo después, me parecía urgente contestar -para mí-, la pregunta que le habían hecho. Me desprendí por un momento del curso de la lectura que prosiguió y escribí en el blog de notas de mi celular:
"Podría decirse que la vida reducida a un mínimo que sólo puede ya constatar ese exceso o desbordamiento de la brutalidad que no puede nombrar o que desborda cualquier campo semántico actual -tal vez por falta de categorías del pensamiento nuevas o el detrimento de facultades de la sensibilidad- puede, sin embargo, en su minimalidad, sostenerse en la multiplicidad de la unidad de la vida que llamamos: poesía. Parece ser que irónicamente, los ladrillos literarios de la realidad destruida, son, no obstante, estructuras que sostienen y permiten indicar ese ignominioso exceso que ha rebasado el cauce de nuestra existencia. Tal vez la vida se justifica porque a pesar de todo, puede aún en su nimiedad, sostener un poema."
La lectura de poesía de Samer Abu Hawwash terminó con un catálogo infinito e inevitablemente denso de ESCOMBROS que va DESDE EL RÍO HASTA EL MAR:
"Cada calle, cada casa, cada habitación, cada ventana, cada balcón, cada pared, cada piedra, cada pesar, cada palabra, cada letra, cada susurro, cada caricia, cada mirada, [...] cada nombre, cada nombre, cada nombre, cada nombre, cada ..."
La gente aplaudió.
Me lancé inmediatamente a la fila para comprar una copia de la revista de literatura árabe moderna que dirige el iraquí Samuel Shimon y que contiene además de lo que se acababa de leer, extractos de novelas, reseñas y poesía de otros autores también árabes.
Me acerqué a Samer para que me firmara la copia del número 15 de la revista que recién había adquirido, y le comenté que había escrito apresuradamente una respuesta a la pregunta que le habían hexho al respecto del sentido de seguir viviendo en un mundo en el que nada hay por lo que valga la pena vivir.
Utilicé el traductor de Google para pasar lo que había escrito al inglés y se lo mostré.
"It could be said that life, reduced to a bare minimum that can only acknowledge the excess or overflowing brutality it cannot name, or that overflows any current semantic field—perhaps due to a lack of new categories of thought or the decline of our senses—can nevertheless, in its minimalism, sustain itself in the multiplicity of the unity of life we call poetry. It seems that, ironically, the literary building blocks of destroyed reality are, nevertheless, structures that support and allow us to point to that ignominious excess that has overflowed the bounds of our existence. Perhaps life is justified because, despite everything, it can still, in its triviality, sustain a poem."
Me miró a los ojos y me dijo:
-"What you wrote is beautiful. Lovely".
Tomó su pluma y escribió lo que comparto en la foto que acompaña este texto.
Volví a casa contento después de haber cenado con mi hermano Juan y mi cuñado Manuel. Le platiqué a Flor Leticia Rivera Alvarez lo que me había provocado la poesía de Samer, y aprovexhando que ya había interrumpido el momento que tenía previo a mi llegada viendo una película, le leí los poemas que Samer nos había compartido... Al final dijo:
- "Tengo ganas de llorar. Su poesía me atraviesa".
Le leí uno más. Uno que Samer no había leído allá y que en una parte dice:
"Este es el tiempo de los cadáveres. No tienes que decir nada. Sólo tienes que mirar en cualquier dirección y verás otro cadáver, un cadáver sin nombre porque no le dieron tiempo suficiente para que su nombre se pegara en él, un cadáver neutral porque no le dieron tiempo suficiente para pensar en lo que pasó, un cadáver muy pequeño, como un bulto, preparado deprisa para partir. ¿Y hacia dónde parten los pequeños cadáveres?"
Flor y yo nos quedamos serios. Pensé que el optimismo ingenuo era nada más y nada menos que yo con mi "respuesta". Samer había sido muy amable conmigo. La palabra 'Lovely' se cruzó con mi imagen, y poco a poco empezó a palpitar, nutriendo entre muxhas otras, mi ignorancia sobre Yemen.
Eratostenes Flores.