Poesía
31 de Octubre de 2018 (casi un año después).
Duele contemplar el curso de la vida desde este lado de la temporalidad. Antes sólo existía el presente, y los recuerdos eran utensilios a nuestra disposición cuya única función era provocarnos el habla para evitar el silencio.
Poesía
Llueve.
Siguiendo el eco de aquella vibración que produjo la luz y la verdad, encontré los campos de Ialu. Feliz, caminando entre sus juncos, reconocí en pleno vuelo al pájaro de mi complaciente y placentera imaginación. En ese instante, una pregunta interrumpió la más profunda de mis inhalaciones: ¿De dónde todo esto?.
Poesía
Por qué no llueve cuando es de día.
La lluvia sólo es fértil cuando viene de la noche, de la enigmática noche; lejos de la luz del día en la que el ímpetu de los dioses resplandece. Llueve en serio cuando la profusa ducha moja de misterio la vigilia, y en sus ecos viaja el aroma refrescante de lo que es desconocido.
Poesía
¡Cuánto diera!
¡Cuánto diera porque me perdiera en tu cálido ánimo! Simplemente estar, verte estar, respirar en la proximidad de tu pulso gravitatorio. Saborear dulce leche de mango.
¡Cuánto diera porque me perdiera en la agudeza de tu ingenio! Disfrutar una vez más de tus altos vuelos, dela chispa que a nadie se le ocurre y rematas con un chiste. Reconocer que los dioses existen y están entre nosotros.
Poesía
Inmortales.
A veces pienso que toda la cultura está construida a partir del temor a la muerte. Los ritos funerarios son nuestra solidaria incapacidad para aceptar que somos finitos. Rozar la inmortalidad es el constructo por excelencia de la colectividad.
